Seguro que a muchos nos ha pasado alguna vez: empezamos a aprender una pieza y dejamos de practicarla antes de dominarla. Puede haber muchas razones, pero una de las más habituales es la falta de disciplina musical. A veces resulta más tentador dejar a un lado lo que nos cuesta y lanzarnos a algo nuevo y emocionante. A todos nos gustaría empezar siendo profesionales en lugar de partir de cero, pero, salvo que seas un prodigio, lo normal es empezar con pasos pequeños.
La disciplina musical empieza por la atención al detalle
Tanto si estudias música de forma reglada como si la tocas por afición, concentrarte en lo que estás aprendiendo es fundamental.
Si eres estudiante, presta toda tu atención a tu profesor y toma apuntes que te ayuden a tocar. No serán como los de una clase más «académica», pero fijarte en ciertos aspectos de la partitura te servirá de recordatorio cuando practiques y, al final, cuando toques en público.
Si la música es solo una afición, escucha con atención lo que oyes. Toma nota mental o apunta en un papel los rasgos que creas que pueden mejorar tu forma de tocar. Prestar atención a los distintos elementos musicales te dará sus frutos en el futuro y te facilitará el aprendizaje cuando te enfrentes a piezas más difíciles.
Paciencia
Aprender algo nuevo siempre es un reto y exige mucha dedicación y determinación. Si no eres constante, te costará superar tus limitaciones técnicas y solo conseguirás mantener tu nivel en lugar de progresar. Además, te perderás la satisfacción de lograr algo nuevo y te quedarás frustrado. Igual que tú, hasta los mejores artesanos tuvieron que aprender a ser pacientes y constantes para perfeccionar su oficio.
La práctica hace al maestro
¡Practica, practica y practica! Aunque a veces resulte desesperante y tedioso, practicar es la forma más eficaz de mejorar. Reserva un rato cada día para practicar y ponte objetivos razonables. Por ejemplo, puede que toques la trompeta y que te cueste llegar a ciertas notas. No vas a empezar tocando como Dizzy Gillespie, pero con práctica y constancia alcanzarás los objetivos que te hayas marcado.
Una meta que comparten todos los músicos es poder tocar piezas a tempo rápido. Al principio puede que pienses: «¡Es imposible que yo toque así de rápido!». Tranquilo: en lugar de abarcar más de lo que puedes, divídela en unos pocos compases cada vez y trabájala por partes más asequibles.
Practicar es lo esencial para tocar mejor, y la dedicación constante es imprescindible.
Conclusión
Recuerda: Roma no se construyó en un día. Mientras te esfuerzas por mejorar, ten presente que eres como cualquier otra persona que se ha atrevido con algo nuevo. Si te imaginas como el músico que quieres llegar a ser, empiezas despacio, tienes paciencia y practicas, la frustración acabará convirtiéndose en la satisfacción que llevabas tiempo buscando.
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