Algunas canciones nacen en cuestión de instantes. Otras son trabajos de amor minuciosos que pueden tardar años en terminarse. Los límites a la hora de componer canciones solo los pone tu imaginación, y hay ciertas prácticas que puedes usar para acceder a tu creatividad como compositor y ampliarla. Los ejercicios que te proponemos no garantizan que vayas a escribir el próximo número uno, pero sí te harán más constante y productivo al componer.
Estudia tus influencias
Hay un dicho en inglés que dice: «Vístete para el trabajo que quieres». No hay forma más rápida de llenar tu arsenal como compositor que aprender de tus influencias. Crea una lista de reproducción con canciones y artistas que te gusten. Hazla todo lo amplia que quieras y, a partir de ella, crea otra más definida con temas que puedas aplicar a tu proyecto. Aprende todo lo que puedas de sus arreglos e instrumentación y empezarás a ver patrones en las estructuras que despiertan tu creatividad.
Puedes ir un paso más allá intentando recrear esas canciones a tu manera. Elige un tema de tu lista y úsalo como referencia para escribir tu propia composición. Piénsalo como una reinterpretación y no te preocupes demasiado por hacer una copia exacta de la canción de referencia. Con el tiempo, sabrás identificar las ideas que te gustan y aplicarlas a tus temas sin necesidad de referencias.
La purga
Escribir una canción es como nadar en un océano denso de ideas. Ese océano es a la vez atractivo e intimidante, y puede resultar abrumador sortear todas las corrientes y resacas de pensamientos que nos vienen a la cabeza mientras creamos. Muchas veces, el primer paso es aprender a lanzarte a ese espacio con el menor recelo posible. Puedes desarrollar esa confianza despejando los pensamientos desordenados para hacer sitio a otros más intencionados.
Ten un cuaderno o un diario junto a la cama. Nada más despertarte por la mañana (antes de hacer cualquier otra cosa), coge el cuaderno e intenta llenar de una a tres páginas. Deja que la mano fluya y no te preocupes por que tenga sentido o por escribir frases completas. La idea es practicar dejar fluir tus pensamientos sin filtrarlos. Nuestra mente suele estar bastante activa al despertar, recién salida del sueño. Eso nos da un estado creativo que solo dura un rato, algo muy parecido a lo que pasa al componer. Este ejercicio se conoce como «páginas matutinas» (Morning Pages) y es una práctica habitual entre creativos de todos los campos.
Construye escenas
Componer canciones es, en esencia, contar historias. Igual que un escritor o un cineasta, tu trabajo como compositor es intentar contar de forma vívida pensamientos personales con los que tus oyentes puedan identificarse. Esto nos dice que una buena forma de empezar una canción es intentar construir una escena con la letra, el ritmo y la melodía. Aquí tienes algunas ideas sencillas para usar como punto de partida:
- Intenta recrear un recuerdo. Describe un lugar o un momento concreto de tu pasado y transmite todo lo que puedas de su ambiente y de las sensaciones que te dejó.
- Escribe una canción basada en un libro o una película que te gustara o te dejara huella. Céntrate en la esencia y el sentido de la propia historia.
- Escribe una carta u oda a alguien que te inspire, o a alguien cercano, sobre una conversación que te gustaría tener.
- Escribe sobre tus seres queridos; te sorprenderá todo lo que tienes que decir de ellos en cuanto plasmes esos pensamientos en una canción.
Muchos compositores olvidan que suelen tener mucho en común con las personas para las que quieren tocar. Intenta no pensar tanto en quién escuchará tu historia y más en transmitir tu mensaje con la mayor claridad posible.
Escribe para otra persona
Al componer nos pueden venir a la cabeza muchos pensamientos que no ayudan, y la mayoría tienen que ver con algún tipo de inseguridad o falta de confianza. Muchos artistas han aprendido a esquivar estos obstáculos mentales imaginando que les han contratado para escribir una canción para otra persona. Tú puedes hacer lo mismo, y ni siquiera tienes que ceñirte a tu género habitual.
Haz una lista de artistas que te guste escuchar. Reserva tiempo para escribir una canción como si fueras a enviársela para que la publicaran. Verás que, al quitarte el apego personal, te abres mucho más a cualquier decisión creativa. Con suficiente práctica, seguramente acabarás con algunos temas que podrás usar en tus proyectos personales o profesionales.
La unión hace la fuerza
Colaborar es una forma de toda la vida de sacar el máximo partido a tus composiciones. Por cada Paul McCartney hay un John Lennon capaz de reflejar su creatividad de una forma única y excepcionalmente productiva. Los colaboradores son geniales porque muchas veces tienen una idea a mano cuando tú te atascas desarrollando una canción. Además, podéis compartir conocimientos, trucos y experiencias, lo que os hace crecer musicalmente a todos.
Cuando busques posibles colaboradores, es importante que compartáis intereses e intenciones creativas parecidos. A menudo puedes encontrar gente con la que tocar yendo a conciertos de artistas locales. También puedes buscar en internet artistas de tu zona y contactar con ellos para ver si les apetece colaborar.
Conclusión: no hay atajos para componer canciones
No existe un truco rápido para escribir una buena canción. Algunas personas sacan grandes ideas de forma natural y constante, mientras que otras prefieren tomarse su tiempo y trabajar de forma más meticulosa. En la composición, lo prioritario es el método que te permita escribir y terminar la canción, y puedes usar estos ejercicios para descubrir cuáles te funcionan mejor.
Gracias por leer nuestra lista de 5 ejercicios para mejorar al componer canciones.
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