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¿Qué es un DAW y cómo puede ayudarte a hacer música?

¿Qué es un DAW y cómo puede ayudarte a hacer música?

Si estás leyendo esto, seguramente te habrás topado con el término «DAW», porque lo usa casi todo el mundo que se mueve en la música actual. Pero ¿qué es un DAW exactamente? DAW son las siglas de Digital Audio Workstation, es decir, una estación de trabajo de audio digital. Pero ¿qué significa eso y para qué sirve?

Sin estas increíbles muestras de ingenio y tecnología, producir música no estaría al alcance del gran público sin un precio desorbitado. Las grabaciones de audio existen desde un siglo antes de la llegada del audio digital: el cilindro fonográfico de Thomas Edison abrió el camino en 1877. Sin embargo, los primeros DAW no aparecieron hasta finales de los años setenta. Antes, todo era analógico (equipos físicos para grabar y producir música), lo que significaba que solo unos pocos tenían acceso a la tecnología necesaria para producir música.

En este artículo nos centraremos en algunos aspectos esenciales para entender qué es un DAW y cómo puede ayudarnos en nuestros proyectos musicales. Veremos las capacidades, la historia y las aplicaciones de estos programas para descubrir todo lo que pueden aportar a nuestro día a día.

Básicamente, un DAW reúne los componentes fundamentales de un estudio de grabación, sus equipos y su capacidad de procesamiento en un único software que te permite resolver todo tipo de necesidades de audio desde el ordenador. Puede que no parezca gran cosa, con lo presente que está la tecnología en nuestra vida; sin embargo, hubo un tiempo en que todo esto requería muchísimo equipo, espacio, dinero y práctica.

Qué es un DAW: breve historia

Antes de empezar, conviene repasar brevemente la historia de las estaciones de trabajo de audio digital para entender por qué ciertos elementos son necesarios para que estos programas funcionen y cómo hemos llegado hasta aquí.

A mediados y finales de los setenta, una empresa llamada Soundstream empezó a desarrollar las primeras grabadoras digitales, que salieron al mercado en 1978. Teniendo en cuenta que un DAW también puede ser un equipo físico, fue algo pionero. Fue una creación increíble: sus desarrolladores usaron la tecnología más avanzada mientras se enfrentaban a muchos obstáculos (el coste del almacenamiento, una capacidad de computación mucho menos desarrollada). Este sistema utilizaba varios componentes de hardware, como miniordenadores, interfaces de audio, discos duros y una pantalla, y permitía hacer ediciones sencillas y fundidos cruzados en los archivos de audio.

Menos de una década después, marcas de ordenadores de consumo como Apple Macintosh, Atari y MSX ya habían empezado a desarrollar productos capaces de ejecutar DAW gracias a su mayor potencia de procesamiento. Este fue el verdadero punto de inflexión: por primera vez, la edición y la grabación de audio estaban al alcance del público como nunca antes.

En palabras de Mike Levine, «democratizó la producción musical».

Mientras tanto (a principios de los ochenta), Roland desarrolló y lanzó el primer secuenciador MIDI. MIDI (Musical Instrument Digital Interface) se refiere a la capacidad de un dispositivo para comunicarse con otros: interpretar información musical digital, almacenarla y crear secuencias digitales que hacen sonar notas de distintos instrumentos y sonidos. Esto permitió conectar dispositivos y que realizaran varias funciones a la vez, como mezclar, secuenciar, etc. ¡Un DAW en forma de hardware! ¡Genial!

Con la llegada del MIDI, la posibilidad de grabar y editar audio digitalmente y los avances informáticos, se produjo una convergencia de tecnologías que impulsó el desarrollo de los DAW.

Los años noventa fueron una década espectacular: los avances de esa época dieron forma a los DAW tal y como los conocemos hoy. En 1991 salió el que hoy es el estándar de la industria, Pro Tools. Este software basaba su funcionamiento en el flujo de señal analógico típico, lo que permitía capacidades digitales nunca vistas. No pasó mucho tiempo hasta que un disco producido en un DAW llegó al número 1 de las listas, demostrando que el audio digital podía competir con el analógico.

Unos años después, Steinberg lanzó Cubase Audio y en 1996 lo renovó por completo, presentando el DAW definitivo: una interfaz de 32 pistas y un software con MIDI integrado que evitaba el uso de hardware DSP (procesador digital de señal) externo, lo que dio origen al VST (Virtual Studio Technology). Por primera vez, todo se podía hacer íntegramente dentro del ordenador.

¿De qué es capaz un DAW?

Vale, ahora que sabemos un poco de dónde viene el DAW moderno, esta es la lista de aspectos que vamos a analizar para entender qué hace y por qué:

  • Edición no destructiva.
  • Grabación.
  • MIDI (Musical Instrument Digital Interface).
  • Automatización.
  • VST (Virtual Studio Technology).
  • Mezcla.
  • Máster.

Ahora vamos a lo importante: la utilidad de una estación de trabajo de audio digital. Todos los puntos anteriores forman un DAW y abren posibilidades infinitas a cualquiera que tenga acceso al software.

Edición no destructiva

Empecemos por la «edición no destructiva». Aunque no lo parezca, es uno de los elementos más importantes de un DAW. Cuando lo analógico era la única forma de producir música, almacenar el audio salía caro, porque es algo físico que necesita espacio real y distintos soportes para guardar la información (cintas, vinilos, CD). Hoy, en cambio, todo lo gestionan nuestros ordenadores.

Los soportes físicos solo aguantan una cierta cantidad de regrabaciones (reediciones) antes de que la calidad del audio se resienta, así que tenías que estar muy seguro de cualquier cambio antes de hacer una edición y grabarla. Con un DAW tienes libertad para cortar y modificar el audio todo lo que quieras sin tocar nunca el archivo original, porque es facilísimo hacer una copia o deshacer un error. Eso da a la edición y la producción posibilidades infinitas, con todo el espacio del mundo para experimentar y conseguir el sonido que buscas.

Grabación

Todos sabemos qué es grabar, pero veamos qué tiene de especial hacerlo en un DAW. Algunos de los grandes estudios analógicos tienen mesas enormes que ocupan decenas de metros, con un montón de cables, patcheos y otros requisitos físicos para poder funcionar y grabar sesiones grandes. Recuerda que cada micrófono necesita su propia pista (canal). Así que si tienes una sesión en la que grabas más de 50 micrófonos a la vez, necesitarás suficientes canales físicos en la mesa para todos (¡por eso son tan grandes!).

Los DAW, en cambio, ofrecen una cantidad casi infinita de pistas en la pantalla del ordenador, lo que lo hace todo posible con muchas menos complicaciones. Según la potencia de tu equipo, puede que puedas gestionarlo todo desde un solo ordenador; el único hardware que necesitarás son los micrófonos (y otros elementos esenciales para captar el audio).

Comparemos precios, que quizá ayude a ver aún más la diferencia: algunos estudios (como Abbey Road) tienen equipos que cuestan millones para hacer las mismas tareas que se pueden hacer con un buen ordenador y el equipo de grabación adecuado. Este tampoco es barato, pero es muchísimo más accesible que lo anterior.

VST, MIDI y automatización

A continuación veremos el uso de VST, MIDI y automatización dentro de los DAW. En el programa que elijas tendrás acceso a varias herramientas que facilitan la producción musical, sobre todo estas tres. Algunas serán nativas (es decir, vienen incluidas con tu DAW) y otras serán externas, pero en cualquier caso puedes incorporarlas a tu producción.

Empecemos por los VST: qué son y qué hacen. Virtual Studio Technology es una interfaz de plugins de audio que funciona (virtualmente) dentro de tu software, imitando equipos reales y sus funciones, y permite aplicar distintos procesos y efectos de audio dentro del DAW. Estos plugins están diseñados para conseguir un efecto concreto o para emular un equipo que ya existe.

Son muy prácticos, porque ponen a nuestro alcance procesadores de audio que, de otro modo, quizá no podríamos usar. Por ejemplo, puedes comprar muchos plugins de empresas como Waves y Steinberg que simulan procesadores famosos de estudios de primer nivel, lo que te permite usar (virtualmente) equipos con una trayectoria y una especialización más que demostradas.

Después viene el MIDI, un sistema que permite a una sola persona hacer producciones musicales que de otro modo necesitarían un conjunto de músicos. Y no solo eso: también nos permite generar y editar notas y melodías que se pueden programar y secuenciar. Así que, aunque no seas músico, puedes hacer música que suene genial, porque puedes volver sobre lo que has hecho hasta que te guste. Y una cosa más: te da acceso a un montón de instrumentos (virtuales) a los que aplicarlo (puedes ser tu propio grupo u orquesta) para producir una canción entera tú solo.

Hay muchísimo más que contar sobre el MIDI, pero eso merece un artículo propio, porque las posibilidades no tienen fin, sobre todo cuando empezamos a combinar hardware y software para crear música. Todo esto puede ocurrir dentro de tu DAW, y eso es lo que importa.

La automatización es lo siguiente de la lista, y va después de los puntos anteriores porque es ahí donde entra en juego. En un entorno analógico, todo el movimiento de una canción, los cambios de tono, de volumen, etc., dependen de la intervención humana. Los DAW, en cambio, pueden encargarse de ello mediante un proceso llamado automatización. La automatización nos permite programar y configurar los parámetros de casi cualquier cosa dentro del DAW. Guarda la información y la reproduce igual cada vez, pero puedes seguir entrando a retocar cada detalle. Con lo analógico te quedas con lo que hiciste, a menos que quieras repetir toda la toma, lo que cuesta dinero y necesita espacio físico.

Es uno de los elementos clave de un DAW, porque podemos experimentar sin destruir nada hasta conseguir el feeling que buscamos.

Mezcla y máster

Por último, veamos la parte de mezcla y máster del DAW. La claridad que oyes en la música viene de poder separar los archivos de audio en sus propios canales y tratar cada uno como corresponde. Sin esto, la música sonaría fatal en muchos sentidos: embarrada, saturada, encajonada, sucia y todo lo malo que te puedas imaginar. Tener canales infinitos permite controlar cada uno como es debido y crear un único archivo de audio al final del proceso.

Hacer un tema lleva mucho trabajo, pero puede que no suene bien sin una buena mezcla y un buen máster. Con este tipo de programas podemos crear música desde casi cualquier sitio y con un nivel competitivo. Parte de la música más popular del mundo se ha producido con equipos básicos y un DAW sencillo; todo depende de cómo lo uses.

Conclusión

Está claro que los DAW revolucionaron la producción musical desde el momento en que se inventaron. Es fascinante ver cómo han impulsado la evolución de la música, y lo seguirán haciendo. Al ritmo al que avanza la tecnología, ¿quién sabe dónde estaremos dentro de unos años? Seguro que lo inimaginable se hará posible, como ya ha pasado antes.

Una cosa es segura: si te interesa la producción musical, lo más probable es que necesites un DAW. Puede abrumar pensar en toda la oferta que hay y en lo complejos que pueden ser, pero con el tiempo serán cada vez más fáciles de usar. No pierdas el tiempo y lánzate: hay muchísimo donde elegir, ¡y el DAW perfecto para ti y tu sonido te está esperando!

Si quieres ir un paso más allá, echa un vistazo a nuestros dos artículos anteriores para encontrar el DAW adecuado:

  • Los mejores DAW gratuitos
  • Cómo elegir el mejor DAW para ti

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